Cultura traqueta (ii): planteamiento del problema. Por: Eric Barbosa. (La Vega-Cundinamarca)

 



En un artículo anterior propuse que la base para la cultura traqueta está en el deseo de lograr grandes ganancias económicas, pero sin invertir muchos esfuerzos. O bueno, esfuerzos sí los hay, aunque no los deseados para una sociedad que se supone moderna. Para conseguir riquezas, en las culturas traquetas las energías se centran en el amedrentamiento de los otros y en el ataque para defender y sostener las ganancias logradas por medio de la ilegalidad. La plata se hace como sea y pasando por encima de lo que sea, no importan si se trata de normas abstractas o personas en concreto.  

Al respecto, vale decir que quebrantar una ley siempre implica algún tipo de violencia que genera víctimas. Romper las leyes, por más abstractas que sean, produce lesiones en las vidas de personas de carne y hueso, así no se vean directamente. Por ejemplo, robar fondos públicos en una oficina en Bogotá puede amenazar el futuro de cientos de niños en las regiones que esperan inversiones en alimentación o educación. De hecho, parece una ecuación en la que, a mayor ilegalidad, mayores ganancias, pero también mayor cantidad de sacrificados.

Como diría el antropólogo Christopher Hallpike, se trata de una supervivencia mediocre en la que es más fácil dejarse llevar por los impulsos violentos que por desarrollar el autocontrol, la empatía y los pensamientos sofisticados. El camino fácil es el de la violencia, que está abierto para que cualquier imbécil que esté dispuesto a matar pueda llenarse los bolsillos. El problema es que eso no desarrolla ni la sociedad ni la cultura. Lo difícil es alcanzar competencias para lograr el éxito económico sin quebrantar las leyes, superar a los competidores del mercado con ideas y hacerle frente al poder de quienes se arman y amenazan.

No obstante, la cultura traqueta no se agota allí y presenta un fenómeno interesante: se caracteriza por la ostentación. Parece paradójico, pues, aunque la plata se haga por medios ocultos, se busca hacer muy visible quienes son los que mandan. De allí que aparezcan mansiones imponentes, vestimentas caras, escoltas, camionetas, muchas amantes, música a todo volumen, farra descontrolada, actitud pendenciera y, en fin, un montón de artilugios y comportamientos que le hacen saber a los demás que ellos, y solo ellos, pueden dar rienda suelta a sus impulsos más primitivos sin asumir las consecuencias; tienen el dinero para eso y para disponer de la dignidad y de la vida del resto de la sociedad. O eso suponen.

Por ello, no temen a las demandas de quienes busquen conocer la procedencia de esas fortunas logradas de la noche a la mañana. Para ellos es sencillo: pueden amenazar y liquidar a aquellos que se atrevan a retar su dominio. Atacan sin miramientos a los que consideran “sapos” e, incluso, han construido todo un imaginario en el que se asume a los “soplones” como los peores elementos de la sociedad. En otras palabras, ocasionan un ambiente en el que impera el terror hacia la defensa de los derechos.

En todo caso, las culturas traquetas se caracterizan por remarcar la desigualdad. Los lujos y la plata de los mafiosos sirven para resaltar las distancias de todo tipo con los demás. Ellos pueden hacer lo que los otros no y nadie los puede cuestionar. Así, no es de sorprender que los beneficiados de las prácticas narco sean los primerísimos en defender las ideologías de las derechas neoliberales. A fin de cuentas, el neoliberalismo se basa en deslegitimar toda acción estatal que controle y permita distribuir la riqueza. ¿Cómo le va a gustar a los narcos una política que evalúe la procedencia de unos dineros acumulados por medio del crimen, la ilegalidad y la violencia? Para ellos es mejor dejar ser al mercado y hacer creer a toda la sociedad que las grandes fortunas se hicieron por esfuerzo propio; aun cuando dicho esfuerzo haya consistido en hacerse ricos mediante las armas.

Me parece que, por esta razón, en la sociedad colombiana la cultura traqueta tienen un tufillo a derecha y viceversa. No obstante, este es un tema que debemos seguir investigando.

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