Carta desde la ciudad que volvió a vivir. Por: Nicolás Castro. (Chía-Cundinamarca)
Nací en la clínica Palermo, en Bogotá. Sin embargo, que yo naciera en la ciudad capital fue un hecho fortuito; no negaré, eso sí, los numerosos beneficios de esta fundamental contingencia. El acceso a diferentes tipos de librerías, por ejemplo, me ha prodigado la maravilla de poder leer todo tipo de literatura, un ejercicio fundamental para cualquiera que desee narrar historias de manera ingeniosa, imaginativa y novedosa. Además, el clima social y atmosférico de Bogotá es propicio para el encierro, y todo escritor debe dedicar una fracción de todos sus días a recluirse, por largas horas, si pretende hacer algo con su escritura. Y sucede que en la capital colombiana, además, está la ciudad universitaria a la que fui a refrendar mi deseo genuino de dedicarme a las letras. Una venturosa casualidad. Sea como sea, esta carta no trata sobre Bogotá, que no ha desaparecido nunca desde su nacimiento y que, por ende, no podría haber vuelto a la vida. Esta carta, entonces, trata sobre otr...